Iglesia Penitencial de San Agustín

La Iglesia Penitencial de San Agustín, actual sede canónica de la Hermandad, forma parte inseparable de la historia espiritual de Palencia. Sus orígenes se remontan al antiguo monasterio de las Canónigas Regulares Lateranenses de San Agustín, cuya presencia en la ciudad se consolidó a finales del siglo XVI. Procedentes de Hornillos de Cerrato —donde la comunidad se había fundado en 1316 bajo la advocación de Nuestra Señora de Belvis—, las religiosas llegaron a Palencia en 1589 por mandato episcopal, buscando una atención espiritual más adecuada. Pocos años después se integró la comunidad de Vertavillo, completando la nueva fundación urbana.
Entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII se erigió la iglesia que hoy conocemos: un templo barroco de cruz latina, nave única y notable altura, articulado en torno a un crucero coronado por cúpula vaída sobre pechinas. El resto de las cubiertas se resuelve mediante bóvedas de cañón, y la cabecera, apenas diferenciada, acoge un retablo presidido por la imagen de San Agustín. Las piezas escultóricas que hoy lo ocupan son reposiciones de las originales, trasladadas por las religiosas a su nuevo convento tras la venta del conjunto monástico en el siglo XX.
La fachada, atribuida a Diego de Praves, muestra un clasicismo sobrio: un cuerpo único con la portada como vano principal y, sobre ella, la ventana rectangular del coro. Remata el conjunto un arquitrabe con decoración en relieve. El interior conserva, además, dos retablos laterales que albergan el Sagrario y la imagen de San Francisco de Asís —propiedad de la Hermandad—, así como dos altares con óleos de San Juan Bautista y San Sebastián, obras de Pedro de Roda (siglo XVII).
La historia del monasterio conoció episodios especialmente difíciles, como la revolución de 1868, que provocó la expulsión temporal de la comunidad y el uso del complejo como cuartel y oficina militar. Aunque las religiosas regresaron en 1872, el progresivo deterioro del edificio y los elevados costes de mantenimiento llevaron finalmente a su venta —exceptuando el templo— en 1980. Tras el traslado de la comunidad a su nueva sede en 1983, el antiguo convento fue demolido y la iglesia quedó aislada, conservándose únicamente la fachada de la antigua portería que da a la calle Mayor, hoy integrada en el paisaje urbano.
Cerrada al culto durante tres décadas, la iglesia se utilizó ocasionalmente para actividades culturales —como la exposición antológica de Victorio Macho en 1983— y posteriormente como sede de diversos servicios municipales. La remodelación del conjunto dirigida por Arranz Algueró en los años noventa respetó la estructura esencial del templo, aunque supuso la desaparición de la sacristía y el coro bajo. El interior del antiguo convento adoptó entonces su configuración actual, con una falsa reproducción de claustro-lucernario.
La etapa decisiva para la recuperación del templo comenzó en 1996, cuando las antiguas propietarias donaron generosamente el inmueble a la Diócesis. Con la colaboración del Ayuntamiento, la Diputación y numerosos fieles anónimos e instituciones religiosas, se emprendió una restauración integral que culminó con la reapertura al culto el 11 de febrero de 2001, bajo la rectoría de D. Juan Melero Mansilla. En los años siguientes se acometieron nuevas mejoras: pavimentación, bancos, vía crucis, mobiliario litúrgico y diversas donaciones artísticas, entre ellas la imagen del Santo Cristo Señor de la Vida y de la Muerte, ubicada en el lateral izquierdo del crucero junto a las de Nuestra Señora de los Ángeles y San Juan Evangelista.
El 9 de enero de 2003, con la erección canónica de la Hermandad de la Piedad, la iglesia se convirtió oficialmente en sede de la corporación. Desde entonces, San Agustín ha sido su centro espiritual y litúrgico: aquí se celebran sus cultos, aquí se veneran sus imágenes devocionales y aquí se articula la vida de Hermandad. La Santísima Virgen de la Piedad recibe culto en el altar propio situado en la parte trasera del templo, donde se cegó y selló una antigua puerta lateral durante las restauraciones.
Con el fin de impulsar determinadas acciones pastorales en la diócesis y en la ciudad, el 20 de febrero de 2012 el Obispo D. Esteban Escudero decretó que el templo se dedicara prioritariamente a la celebración del sacramento de la penitencia, a la dirección espiritual y a las celebraciones litúrgicas promovidas por las Delegaciones Diocesanas, manteniéndolo a la vez como sede de la Hermandad.
Entre agosto de 2021 y marzo de 2022 se realizaron nuevas obras de mantenimiento, centradas en la reposición completa de la cubierta —cuya intervención previa, anterior a la reapertura de 2001, había resultado fallida— y en la consolidación del retablo mayor, cuyas esculturas presentaban riesgo de desprendimiento. Tras la reapertura, dejó de celebrarse la eucaristía dominical, suprimiéndose definitivamente el culto ordinario.
Más de cuatro siglos después de su construcción, San Agustín continúa siendo un espacio de memoria, devoción y encuentro. Su arquitectura sobria, su historia fluctuante entre esplendores y adversidades y su condición de templo penitencial y sede de la Hermandad lo convierten en uno de los ámbitos más singulares del patrimonio religioso palentino: un lugar que, tras la marcha de las agustinas, ha encontrado en la Hermandad una continuidad viva de fe, servicio y presencia en el corazón de la ciudad.
