Fines
La Hermandad nace para ser un espacio donde vivir, custodiar y transmitir el carisma franciscano en medio del mundo. Su misión no se limita a custodiar un patrimonio devocional ni a organizar cultos externos: aspira, ante todo, a formar cristianos que encarnen la alegría, la sencillez, la fraternidad y el espíritu de servicio que san Francisco de Asís regaló a la Iglesia. Todos sus fines estatutarios (EHP 12), y cada una de sus iniciativas, tienen como horizonte esa espiritualidad evangélica que invita a caminar con humildad, construir la paz y reconocer en cada persona un hermano.
Los fines de la Hermandad no son una enumeración de objetivos, sino un camino espiritual inspirado en san Francisco de Asís. En ellos se unen espiritualidad y misión, oración y servicio, devoción popular y compromiso con los más vulnerables. Vivir estos fines significa mirar a Cristo pobre y crucificado, acoger a María como Madre y modelo de humildad (CGOFM 26 §2–3), y construir, día tras día, una Hermandad que sea signo de fraternidad, paz y esperanza en medio del mundo.
Vivir y difundir el carisma franciscano
La Hermandad busca que sus miembros conozcan, asimilen y expresen el carisma franciscano como estilo de vida (EHP 12.1). Inspirada por las Constituciones Generales de la Orden, promueve una espiritualidad alegre, pobre en lo superfluo y libre en lo esencial: aquella que lleva a “ir por el mundo como menores, pacíficos y humildes de corazón” (CGOFM 64). Esta manera de situarse ante la realidad, lejos de quedar en el ámbito privado, se traduce en un modo concreto de trabajar, anunciar el Evangelio, celebrar la fe y afrontar las necesidades de la sociedad.
Fomentar el culto y la devoción
Uno de los fines principales de la Hermandad es promover el culto público y privado según las normas de la Iglesia (EHP 12.2), honrando a sus sagrados titulares: la Santísima Virgen de la Piedad, el Santo Cristo Señor de la Vida y de la Muerte y san Francisco de Asís.
La Hermandad cuida especialmente las celebraciones vinculadas a los misterios de la Navidad, Pasión, Muerte y Resurrección (EHP 12.4), así como las formas propias de la tradición franciscana, siguiendo la invitación de la Orden a cultivar los ejercicios de piedad que acercan a los hermanos a la vida de Cristo (CGOFM 26 §1).
La devoción a las imágenes, conforme a lo señalado por la Iglesia (DPP 239), no es un fin en sí mismo, sino un camino hacia el misterio de la fe. Por ello la Hermandad fomenta una piedad madura, consciente y teológicamente fundada, en la que la belleza sacra está siempre al servicio del encuentro con Dios.
Formación cristiana continua
Siguiendo la tradición franciscana, la Hermandad entiende que la fe necesita ser alimentada, por lo que procura una formación sólida y constante para todos sus miembros (EHP 12.3), en los ámbitos espiritual, bíblico, litúrgico y doctrinal. Esta formación, orientada a unir fe y vida, sigue el principio franciscano de “ir del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio” (RIIC 18).
Acción fraterna, social y caritativa
La Hermandad entiende que no puede haber verdadera devoción sin caridad. Por ello practica obras de misericordia y servicio, especialmente hacia los más necesitados (EHP 12.8), siguiendo la llamada franciscana a compartir la suerte de los pobres (CGOFM 8 §2).
A la luz del magisterio franciscano, toma parte en iniciativas de justicia, solidaridad y promoción de la dignidad humana (CGOFM 96 §2), colaborando con instituciones, colectivos y realidades sociales que trabajan por una sociedad más justa y reconciliada. Este servicio nace del espíritu de minoridad y de la vocación de estar siempre “al lado de los últimos” (RIIC 15).
Fraternidad universal y relaciones con la Familia Franciscana
La Hermandad vive su identidad en comunión con toda la Familia Franciscana, colaborando con sus fraternidades, órdenes y grupos (EHP 12.6; CGOFM 55). Esta cooperación expresa la convicción de que el carisma de san Francisco se hace fecundo cuando se comparte y se vive en unidad.
La fraternidad universal inspira un trato abierto e inclusivo hacia todas las personas (RIIC 14). Por ello la Hermandad acoge fraternalmente también a quienes no comparten la fe católica, procurando un diálogo respetuoso que pueda acercar a muchos al Evangelio y al espíritu de san Francisco (EHP 12.9; CGOFM 95).
Custodia del patrimonio espiritual y material
La Hermandad es depositaria de un patrimonio espiritual, devocional y artístico que no le pertenece sólo a ella, sino que forma parte de la memoria viva de la Iglesia diocesana y de la ciudad. Por ello, ese patrimonio debe valorarse, utilizarse y conservarse con responsabilidad (EHP 12.7).
Este cuidado se ejerce desde la pobreza evangélica y la sencillez (RIIC 13): una administración sobria, transparente y consciente, que prioriza lo esencial, evita lo superfluo y garantiza que cada expresión externa esté al servicio de la misión espiritual.
Evangelización a través de la vida y la presencia
La Hermandad comprende su misión como un testimonio público del Evangelio (AA 19). Cada culto, procesión, proyecto formativo o iniciativa social se concibe como ocasión para mostrar la alegría cristiana, la belleza de la fe y la profundidad de la tradición franciscana.
Este testimonio incluye también el cuidado de la creación, considerada obra de Dios y lugar de encuentro con Él (RIIC 17). El compromiso con la ecología integral forma parte esencial de su misión evangelizadora en el mundo actual.
