Cultos de Semana Santa

La Semana Santa constituye el centro del año litúrgico y el culmen de la vida espiritual de la Hermandad. En estos días, la Iglesia celebra el misterio pascual de Cristo —su pasión, muerte y resurrección—, que es también el eje de la tradición espiritual franciscana y la razón misma de ser de la corporación. En torno a este acontecimiento de salvación, la Hermandad revive con fe los momentos esenciales de la redención, acompañando al Señor, también en sus cultos internos, desde la institución de la Eucaristía hasta el triunfo glorioso de la Resurrección.
La vivencia de la Semana Santa une en la Hermandad la dimensión litúrgica y la expresión pública de la fe. La participación en los oficios del Triduo Pascual, la Misa de la Cena del Señor y la Celebración de la Pasión del Señor, así como en la Solemne Misa de Hermandad del Domingo de Resurrección, constituye el núcleo de su vida cultual y confiere sentido pleno a sus manifestaciones procesionales.
Misa en la Cena del Señor
Jueves Santo
Con la Misa Vespertina de la Cena del Señor da comienzo el Triduo Pascual, memorial supremo del amor de Cristo entregado hasta el extremo. En ella se conmemoran la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial, y se recuerda el mandamiento nuevo del amor fraterno, fundamento de toda vida cristiana.
Al concluir la Misa, el Santísimo Sacramento es trasladado en solemne procesión al Monumento, preparado a la entrada de la sede canónica. Allí queda reservado para la adoración de los fieles durante la noche y el día siguiente; su visita, profundamente arraigada en la Semana Santa de la ciudad, convoca a miles de personas.
El Monumento se convierte, además, en lugar de encuentro entre la oración y la calle: tanto la Procesión de la Oración del Huerto, organizada por la Cofradía de la Santa Vera Cruz en la tarde del Jueves Santo, como la Procesión de los Pasos, de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, en la mañana del Viernes Santo, realizan estación penitencial ante el Santísimo, signo elocuente de la unión entre la piedad popular y la vida sacramental de la Iglesia en estos días santos.
Celebración de la Pasión del Señor
Viernes Santo
La Hermandad se reúne nuevamente en torno a la Cruz para conmemorar el misterio de la redención. En esta liturgia se proclama el relato de la Pasión según san Juan, se eleva la gran oración universal, particularmente solemne en este día, y se adora la Santa Cruz, signo supremo del amor de Cristo, que se entrega por la salvación del mundo.
La comunión con el Cuerpo del Señor, reservado en el Monumento desde la Misa del día anterior, une a los fieles en el silencio de la espera, mientras la Iglesia aguarda el amanecer de la resurrección. Este día, marcado por la austeridad y el recogimiento, invita a contemplar la entrega total de Cristo, que vence a la muerte con su obediencia y su amor.
Solemne Misa de Hermandad
Domingo de Resurrección
El Domingo de Resurrección es el día más grande del año para los cristianos y, por ello, también el de mayor júbilo para la Hermandad. En la Misa de Hermandad, celebrada en la sede canónica, toda la comunidad se reúne para proclamar con gozo la victoria de Cristo sobre la muerte y renovar su fe en la vida nueva que brota de su resurrección.
Esta Eucaristía, la más significativa de cuantas celebra la Hermandad a lo largo del año, corona el camino espiritual de la Semana Santa y expresa la plenitud del misterio pascual, fuente de esperanza y renovación para todos los hermanos. En torno al altar, la Hermandad renueva su compromiso de vivir el Evangelio con alegría y fraternidad, a ejemplo de san Francisco de Asís, que saludaba la Pascua como fiesta de la Vida y del Amor triunfantes.