Cultos en honor a S. Francisco de Asís

La Hermandad profesa una especial devoción a San Francisco de Asís, padre seráfico, fundador de la Orden en cuyo carisma se inspira su vida y santo patrón de la corporación. Su figura constituye una fuente permanente de inspiración por los valores que configuraron su existencia: la humildad, la pobreza evangélica, la fraternidad universal y el amor a la creación como reflejo del amor al Creador. En su ejemplo, la Hermandad reconoce el modelo del discípulo fiel de Cristo y la llamada a vivir el Evangelio con sencillez, alegría y entrega.
En torno a su memoria, la Hermandad celebra anualmente la Solemne Vigilia de su Tránsito, en la víspera de su festividad litúrgica, en recuerdo de las últimas horas terrenas del santo en la Porciúncula, momento en que su vida se consuma en perfecta armonía con la creación y en plena unión con Cristo crucificado.
Solemne Vigilia del Tránsito de San Francisco de Asís
3 de octubre
El Tránsito de San Francisco de Asís fue aprobado como culto de la Hermandad en 2003 y se celebra cada año en la víspera de su festividad, el 3 de octubre, en su sede canónica. Su institución responde al deseo de perpetuar la memoria del paso del santo a la casa del Padre, su tránsito, acontecimiento que la familia franciscana recuerda ininterrumpidamente desde 1226.
La liturgia conmemora el último instante de la vida del Poverello, vivido como una auténtica Pascua de liberación. Evoca su despedida junto a los hermanos en la Porciúncula: su bendición final, su alabanza al Creador en el Cántico de las criaturas y su serena acogida de la hermana muerte.
La celebración une la Eucaristía con la evocación del Tránsito, en la que se rezan, se cantan y se proclaman los textos de las fuentes franciscanas originales. El acto alcanza su momento más sobrecogedor cuando, una vez consumada simbólicamente la muerte del santo, cada asistente deposita una vela encendida a los pies de su efigie, en gesto de veneración y gratitud.
Sencilla, solemne y profundamente simbólica, la Solemne Vigilia del Tránsito invita a contemplar en San Francisco el modelo de quien, siguiendo a Cristo pobre y crucificado, transforma la muerte en encuentro con la vida, renovando en los presentes la esperanza de la resurrección y la llamada a una vivencia auténtica del Evangelio.